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vida y obra de Milton Almeida dos Santos (1926-2001)

 Sencillo homenaje al Filósofo de la Geografía

Milton Almeida dos Santos

Dr. Milton Almeida dos Santos (1926-2001) Geógrafo Latinoamericano

El 24 de junio de 2001 falleció en São Paulo, Brasil, el geógrafo doctor Milton de Almeida Santos. Milton Santos, nacido en Bahía, descendiente de esclavos emancipados antes de la abolición, fue uno de los más grandes geógrafos de América Latina. Su contribución al pensamiento geográfico latinoamericano ha sido excepcional, al afirmarla como disciplina social con una visión comprometida y con una gran amplitud de percepción de los grandes problemas de su sociedad. Por ello fue representante del ala combatiente de las ciencias sociales latinoamericanas. Escribió más de 40 libros, fue profesor emérito de la Universidad de São Paulo y un científico de vanguardia en una de las más grandes ciudades no sólo de América sino del mundo. El Portal Geográfico le rinde homenaje y reconocimiento por su extraordinario aporte al avance científico de la Geografía.

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¿Dónde está el espacio?

por Héctor E. Ramírez - Profesor en Geografía (Salta, Argentina)

Si buscamos el significado de espacio en el diccionario de la Real Academia, encontramos; "continente de todos los objetos sensibles que existen"... "distancia entre dos cuerpos o sucesos", entre otras acepciones. Estas coinciden con afirmaciones tales como "necesito mas espacio"; "hacer espacio" o "agrandar la casa para tener mas espacio". También se lo suele usar en otras expresiones tales como "espacio televisivo"; "espacio cultural" o "espacio político". ¿Habrá alguna conexión entre esas definiciones y estos usos tan comunes? ¿Tiene alguna consecuencia específica la idea que subyace en la palabra espacio, la de un contenedor y a la vez la de separación entre dos cosas?.

Al igual que otros términos, la palabra espacio, se presenta como un concepto no homogéneo, no unívoco, dotado de una pluralidad de significados y hasta contradictorios, es usado en varias disciplinas, desde la astronomía como espacio sidéreo, la física, la arquitectura y las artes plásticas, siendo en alguna de ellas una noción central, a tal punto que alguien definió a la arquitectura como el arte y la ciencia de domesticar el espacio.

Una ciencia que en los últimos cincuenta años ha venido realizando grandes esfuerzos por incorporarlo y dotarlo de un corpus teórico que permita operativizarlo es la geografía y es desde esta perspectiva que intentaré responder a la pregunta-título de este artículo.

La preocupación por el espacio nace con la filosofía misma, al igual que el tiempo, y no solo en occidente; se atribuye a Lao-Tse la idea de que "modelando la arcilla del vaso, encontramos la utilidad de su espacio interno". Para Platón, el espacio es el receptor, recibe la forma de aquello que entra en él, no es, sino que es llenado. Para Aristóteles el espacio tiene que ser pensado con la cosa; movimiento y cosa determinan el espacio, la viva experiencia griega del espacio se refleja en sus múltiples términos: kenon, vacío; topos, espacio ocupado por un objeto; diastema, el espacio que separa dos objetos; khoros, el espacio que circunscribe un objeto.

Durante la edad media prevalece la concepción aristotélica gracias a los trabajos de los teólogos de la época, que conciliaron la física aristotélica con el pensamiento cristiano.

La reflexión sobre el espacio es retomada y profundizada desde el renacimiento, continuando la polémica entre la naturaleza absoluta o relativa del espacio. Para Descartes el espacio es una sustancia extensa y por lo tanto medible. Para Newton el espacio es absoluto, eterno, metafísico. Para Kant espacio y tiempo son categorías a priori, condiciones de posibilidad de los fenómenos, aunque no puede ser percibido en sí, sino a través de las cosas, en cuanto dadas en el espacio.

El espacio geográfico

De la evolución de la idea de espacio se desprenden las aproximaciones que comúnmente se utilizan; la idea que de el tenemos se origina en la Grecia antigua; el espacio como entidad objetiva, que tiene que ver con lo extenso, lo vasto y por tanto con la distancia.

De allí deriva la acepción latina "spatium", lo que esta a un paso de distancia; la acepción germánica "raum", apertura (en un bosque) de ahí el adjetivo espacioso, y, aunque no se hizo explícito hasta hace poco, lo más significativo y trascendente es que el espacio es resultado de prácticas humanas, es un producto.

Pero en sus orígenes como ciencia moderna, la geografía adoptó la idea de espacio como contedor, la superficie terrestre como superficie objetiva en la que se sitúan los fenómenos tanto naturales como sociales; el espacio es un receptáculo y los objetos son añadidos. De ahí la idea de estudio de la superficie terrestre como morada del hombre donde la situación de los lugares es específica y su localización única, exclusiva, esto apoyado en la concepción kantiana que permite inferir como cualidad básica del espacio la diferencia; es la base teórica de la geografía regional (principios siglo XX).

Las transformaciones de la "Nueva Geografía" (década del '50) cuestionan de raíz la búsqueda de singularidades (regionales) y por tanto la idea de espacio que la sustenta. Es necesario buscar leyes, generalizaciones, regularidades... Esto supone otro concepto de espacio, ahora geométrico, isomorfo, neutro, apto para el análisis, la modelizacion; susceptible de ordenarse racionalmente para las prácticas humanas; aunque el espacio sigue siendo condición de posibilidad de los hechos, este es matemático y objetivo. El gran aporte teórico consiste en haber hecho del espacio el objeto explícito de la geografía.

Espacio (tiempo) y poder

El otro frente de cuestionamiento del espacio geométrico-matemático y la geografía derivada provino de geógrafos que abrevaron en las fuentes marxistas (década del '60). Para la geografía radical (denominación original por oposición a geografía tradicional) el espacio es producto social, se constituye conjuntamente con el todo social cuya materialidad la podemos constatar a través de la noción de espacio geográfico. De esta manera, el espacio no es mero sustrato o escenario de las acciones humanas, el espacio es un componente de la sociedad humana y adquiere formas específicas. Al igual que el tiempo, no existen por sí mismos, sino en tanto podemos dimensionarlos, simultáneamente. Con estos elementos podemos considerar nuestra sociedad (capitalista) como una realidad espacio - temporal altamente dinámica con un conjunto de prácticas y conceptos específicos del tiempo y del espacio, acordes a la necesidad de acumulación y expansión. Medir el tiempo y el espacio permite dominarlos y darles la forma necesaria para el desarrollo capitalista y el ejercicio del poder. Ese anhelo de dominio del espacio y del tiempo ya estaba inscripto en el proyecto de la Ilustración y se viabiliza a través de dos de sus múltiples íconos. Por un lado el cronómetro que, de disciplinar la liturgia pasó a disciplinar el trabajo con "las horas iguales". Por otro lado y simultáneamente, la invención de la perspectiva por arquitectos florentinos como Filipo, Alberti y Brunelleschi (siglo XV), quienes para solucionar la construcción de catedrales, sentaron las bases para una cartografía racional, la cual mostraba una tierra finita y por lo tanto cognoscible. Esto permitió descentrar la mirada de un lugar, unificar mundos hasta entonces aislados a partir de un punto de vista fuera del alcance sensorial.

Con estos elementos podemos considerar a las innovaciones tales como ferrocarriles, telégrafos y aviones entre otros, como destinados a la supresión del espacio y simultáneamente esto solo se puede lograr construyendo espacios específicos, terminales, puertos, caminos, aeropuertos.

De esta manera, el desarrollo histórico de una sociedad implica una espacialidad específica, un saber geográfico que permite aniquilar el espacio a través del tiempo, pero esto es sólo parcial dado que el espacio es tiempo materializado. Las acciones, las relaciones y la producción tienen siempre una espacialidad que se torna evidente e implican sistemas de objetos y sistemas de relaciones simultáneamente.

Estas nociones sobre el espacio (y en menor medida sobre el tiempo) son plenamente vigentes en el marco del capitalismo global en curso. Estamos ante una intensificación de la compresión del espacio, una aceleración de flujos, un proceso de deslocalización, relocalizacion y fragmentación de la producción inherente a la reestructuración capitalista que significa construcción de nuevos espacios, adecuación de otros; pero también, y en gran medida, la destrucción y exclusión de otros, concentrando y haciendo evidentes en y a través del espacio las contradicciones inherentes a su lógica.

Decíamos que la explicitación del espacio en la teoría geográfica es reciente y desde entonces se ha venido perfilando como su concepto más potente y prometedor. Y el esfuerzo de algunos geógrafos en este sentido ha sido fundamental. Es el caso de David Harvey, norteamericano, quien ha teorizado sobre la espacialidad del capital. También del geógrafo brasileño Milton Santos - recientemente fallecido -, quien dedicara gran parte de su vida a esta tarea. Sirvan estas líneas como pequeño homenaje a quien quizás sea el mayor geógrafo latinoamericano.


Milton Santos (1926-2001), un hombre necesario

por Prof. Miguel PANADERO MOYA - Universidad de Castilla-La Mancha

 

En la última semana del pasado mes de junio la red de internautas se llenó de mensajes transmitiendo por toda Latinoamérica y Europa la noticia del fallecimiento de una de las más ilustres personalidades de las ciencias sociales del siglo XX, el geógrafo brasileño Milton Santos. Como recordaba en su comunicado la Presidenta de la Asociación de Geógrafos Brasileños, despedíamos a un intelectual que pensó y luchó por un mundo diferente del actual, por un mundo mejor, por un tiempo más lento, por una convivencia más solidaria, por un respeto a las diferencias, por una nueva forma de vivir esta nuestra historia y nuestra geografía, por una globalización distinta donde la ciudadanía sea plena y donde el espacio para la emoción sea posible.

 

La desaparición de Milton Santos deja un importante vacío en la cultura del naciente siglo XXI, privada de uno de sus más genuinos valores. Geógrafo lúcido y brillante, sus opiniones se caracterizaban por la firmeza y la profundidad de su juicio, cualidades que se distinguen también en sus numerosos escritos. Las propuestas de Milton Santos constituyen una fuente inagotable de estimulantes ideas que a nadie dejan en la pasividad.

Nació en Brotas de Macaúbas, en la brasileña Chapada Diamantina, en el Estado de Bahía, en 1926. En Salvador cursó sus primeros estudios así como los universitarios; siguió éstos en la Facultad de Derecho de la Universidad Federal de Bahía, dándoles término en 1948. Sin embargo, no se desarrollaría en el campo del derecho la vocación de Milton Santos, sino en el de la enseñanza. En 1954 ingresó como profesor de la Facultad Católica de Filosofía de Salvador de Bahía. Allí tendría ocasión de convivir con maestros franceses de geografía, manteniendo un encuentro seminal del que nació su determinación de dedicar su atención a esa ciencia.

 

Desde ese momento la vida de Milton Santos se ha descrito como una secuencia de triunfos y contratiempos, de honras y sinsabores. Doctor en Geografía por la Universidad de Estrasburgo, Francia (1958); Profesor (1960) y catedrático (1961) de Geografía en la Universidad Federal de Bahía; Presidente de la Comisión de Planeamiento Económico de ese Estado, en 1962. Lector ávido, observador infatigable, viajero forzoso, exiliado en Francia, en 1964, durante esta década y la de los setenta acumuló conocimientos y experiencias en Europa y África, y en las Américas latina y sajona. Maître des Conférences Associé de Géographie en la Universidad de Burdeos, Francia (1967); Profesor de Geografía de la Universidad de Paris, Sorbonne (1968); Research Fellow del Massachussetts Institute of Tecnology, EE.UU. (1971); Full Visiting Professor, en la Universidad de Toronto, Canadá (1972); Profesor de la Universidad Nacional de Ingenieros, en Lima (1973); Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales en la Universidad Central de Venezuela (1974); Profesor de la Universidad de Dar es Salam, Tanzania (1974); Profesor Invitado de la Universidad de Campinhas, Sâo Paulo (1975); Profesor de Geografía y Planificación Urbana en la Columbia University, de New York (1976)... A finales de los años setenta regresó a Brasil, integrándose en la actividad académica con plenitud. Primero como Profesor invitado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Sâo Paulo (1978); después, como Profesor titular visitante de la Universidad Federal de Río de Janeiro (1979); y finalmente como Catedrático de Geografía Humana en la Universidad de Sâo Paulo, institución en la que desarrollaría una fecunda labor académica hasta el final de sus días.

 

Extensa producción bibliográfica: originalidad, rigor y viveza

 

Su pensamiento sobre la disciplina y sobre los problemas sociales de la segunda mitad del siglo XX están recogidos en una extensa producción bibliográfica que sobresale por su originalidad, rigor y viveza. Milton Santos escribió más de cuarenta libros, varios de ellos con aportaciones teóricas en el campo de la Geografía Humana y del Urbanismo de gran relevancia. Su bibliografía incluye además varias decenas de ensayos y otras tantas colaboraciones en libros colectivos y en la prensa diaria, así como dos centenares de artículos en revistas especializadas. Su herencia intelectual está compendiada en uno de sus últimos libros, "A natureza do espaço. Técnica e tempo. Razâo e emoçâo", de la editora brasileña Hucitec, de 1996, traducido ya al castellano y publicado recientemente por Ariel.

 

El reconocimiento internacional de su magisterio le hizo acreedor de distinciones académicas en Europa y Latinoamérica, honrado con la investidura de Doctor Honoris Causa por las universidades de Toulouse, en Francia; Complutense de Madrid y de Barcelona, en España; Federal de Bahía; Federal de Sergipe; Federal de Río Grande do Sul, Estadual do Ceará, de Passo Fundo y Estadual del Sudoeste de Bahía, en Brasil; y de Buenos Aires, en Argentina. Por último, en 1994, recibió el Premio Vautrin Lud, la más preciada distinción científica internacional en el campo de su disciplina, la Geografía.

 

El libro jubilar "O mundo do cidadâo. Um cidadâo do mundo", con el que colegas de diversas partes del mundo, profesores, y alumnos de la Universidad de Sâo Paulo, festejaron su septuagenario, contiene también el testimonio de la presencia de Milton Santos en España desde mediados de los ochenta. Por esas fechas Milton Santos acababa de retomar la docencia en la capital paulista. Sus propuestas de entonces no eran desconocidas por los geógrafos españoles. En la bibliografía universitaria de nuestro país era ya profusamente citado y manejado un libro pionero, editado por Oikos-Tau en Barcelona con el título de Geografía y economía urbanas en los países subdesarrollados (1973), sin duda uno de los más entrañables para su autor, así como su contribución sobre "La urbanización dependiente en Venezuela" incluida en el libro de M. Castells Imperialismo y urbanización en América Latina publicado en ese mismo año por Gustavo Gili. Otras obras suyas -L'espace partagé (1975), Por uma geografía nova (1978), Pobreza urbana (1978), El trabajo del geógrafo en el Tercer Mundo (1978), Espaço e sociedade (1979), Economía Espacial (1979), Pensando o espaço do homem (1982), Ensaios sobre a urbanizaçâo latinoamericana (1982)- habían tenido menos difusión. Conocedor de esta situación, Milton Santos no dudó en aceptar la primera de las invitaciones que le cursaríamos, a fin de participar en nuestros incipientes debates sobre los enfoques teóricos y metodológicos que se aplicaban, en esos momentos, al análisis del proceso de urbanización de América Latina.

 

Jornadas sobre urbanización y subdesarrollo en Iberoamérica

 

Con ese objeto convocamos unas "Jornadas sobre urbanización y subdesarrollo en Iberoamérica", que se celebrarían en el campus albacetense de la Universidad de Castilla-La Mancha, durante el duro febrero de 1986. En ellas participaron como ponentes John Cole y Milton Santos; y en los animados debates que siguieron a sus presentaciones, también varios colegas españoles que enseguida ganarían su amistad y aprecio.

No olvido mi primer encuentro, en el aeropuerto de Madrid, con nuestro invitado. Embutido en su elegante gabán azul marino, se protegía del duro contraste entre el tórrido verano paulista, que acababa de dejar, y nuestro gélido invierno. Tuvimos después un amistoso e inevitablemente corto paseo por las calles del Madrid de los Austria, antes de iniciar la venida a Albacete, destino final de este viaje.

 

El ciclo sirvió para que el Profesor Milton Santos dejara constancia de su lúcido raciocinio y de las preocupaciones científicas que guiaban su pensamiento en aquellos momentos. Habló de las características del Nuevo Orden Internacional, de la "mundialización" de los fenómenos sociales, de la interconexión creciente entre los hechos que se producen en lugares distantes del planeta. Entrada la segunda mitad de la década de los ochenta, advertía que estábamos asistiendo a un conjunto de cambios profundos, generalizados e inmediatos, extendidos a todas las latitudes y a escala mundial, cuya primera consecuencia era la de acentuar las relaciones dependientes. Recordó la creciente importancia de la información, en esas circunstancias, y la emergencia de una "sociedad informacional" cuya originalidad estribaba en que confería un nuevo significado a todos los objetos geográficos y a las distribuciones espaciales.

 

Para ilustrar el desempeño de estos fenómenos, seguidamente presentó una expresiva descripción de algunos procesos característicos de la situación de las grandes metrópolis, ejemplificados con el caso de Sâo Paulo, la ciudad que, después de Bahía, tal vez gozó en mayor medida del aprecio de nuestro invitado. Destacó la distribución por el espacio urbano de las clases sociales y de los niveles de renta de su población; señaló algunas consecuencias derivadas del tamaño de las ciudades metropolitanas sobre sus moradores más pobres, sobre la accesibilidad, sobre su desigual participación de los servicios urbanos. Hizo observar las relaciones existentes entre tamaño y especulación, el rápido aumento del valor del suelo en las desfavorecidas periferias de las ciudades cuando las inversiones de capital mejoran sus infraestructuras, y la aparición simultánea de un proceso de expulsión de sus moradores insolventes hacia otros lugares más lejanos, degradados y desnudos.

 

Finalmente, en la última de sus presentaciones habló de la inconsecuencia de las propuestas de planificación importadas desde el "Norte" por los países subdesarrollados, y de la conveniencia de recurrir a otros modelos, autóctonos, para relegar la inútil "modernidad por imposición" de los primeros. Destacó, con el vibrante y sugestivo tono de su discurso, el papel del geógrafo en la planificación y cuál debe ser su objetivo prioritario, invitando a nuestra comunidad científica a mostrar ante el resto de las disciplinas las modalidades de productividad espacial aplicable a cada país. Hubo oportunidad de discutir sobre otros temas, sobre los cambios que se sucedían en el territorio y sobre la necesidad de olvidar los "pre-juicios", que, como él decía, son los padres de una inercia social a la que hay que hacer frente con la acción. En ese terreno intelectual y emocional se movía Milton Santos en esos momentos.

 

Poco después, en el otoño de 1990, regresó de nuevo a La Mancha para participar en dos ciclos. Primero, en la reunión del grupo de trabajo de "Estudios Regionales" del CEISAL, que organizó el Departamento de Geografía de la Universidad regional en la histórica ciudad de Almagro, y después en Albacete, en un ciclo de conferencias, que impartiría acompañado del regionalista chileno Sergio Boisier. Sus obras de esa etapa daban testimonio de su espléndida madurez intelectual: Espacio y método (1985), O espaço do cidadâo (1987), Metamorfoses do espaço habitado (1988), Metrópole corporativa fragmentada. O caso de Sâo Paulo (1990).

 

Reflexión y convivencia en Almagro

 

En la reunión de Almagro, a lo largo de unos días de reflexión y convivencia quedó de manifiesto que el pensamiento de Milton Santos se había enriquecido aún más y, en los debates del grupo de trabajo, sus opiniones, que surgían con una clamorosa delicadeza no exenta, en ocasiones, de fina ironía, describían trazos fulgurantes y esclarecedores. Puso de nuevo en cuestión las consecuencias de las interrelaciones entre la revolución tecnológica y el territorio, y el modelo de las nuevas realidades espaciales específicas de nuestro tiempo. Su marco teórico era perfecto. En la fase actual de la historia (el período científico-técnico) el espacio geográfico, al que atribuía un papel privilegiado e identificaba como "medio científico-técnico informacional", acentuó su condición de lugar de encuentro entre el pasado y el futuro. Los nuevos signos, que definían este tiempo y, a la vez, configuraban nuestro espacio, eran la percepción de la simultaneidad de los acontecimientos a escala global, la unicidad y universalidad de la técnica, la mundialización de las plusvalías gracias a la difusión planetaria de las empresas y los bancos internacionales, la ascensión de las metrópolis a realidades omnipresentes y, finalmente, el encumbramiento de la información como motor de cambios en la sociedad y en el territorio.

 

Mostraba que todos esos signos pertenecen a un mismo sistema de relaciones. La expansión del sistema bancario acompañó al incremento del trabajo asalariado y a la creciente exigencia de capital fijo, fenómenos que están presentes en un número cada vez mayor de territorios en los que el espacio acumula ciencia y técnica incesantemente. Como el proceso productivo tendía a concentrarse en lugares cada vez más limitados, el nuevo espacio mundial necesariamente debía configurarse como un mercado único. El papel de las grandes empresas en esta reorganización, que al mismo tiempo constituía una desorganización del orden espacial precedente, había originado una segmentación "vertical" del territorio.

 

Los planteamientos teóricos no apartaban a Milton Santos de las realidades cotidianas y del compromiso social. La mirada del intelectual a la situación del entorno regional fue una de las constantes de su obra. Para él, Latinoamérica tenía suficientes pruebas de la aceptación de modelos externos de modernización; consecuencia de este comportamiento debían ser consideradas las distorsiones y contradicciones sociales, territoriales, económicas y políticas que sufría. Esta visión siempre le acompañó. La población de los países latinoamericanos se enfrentaba al reto de elevar la importancia de ciertos valores autóctonos, donde lo social dejase de ser residual, convirtiéndose en un elemento capaz de subordinar a la tecnología. La geografía no podía contentarse siendo sólo crítica, escribió; para ser útil y utilizada, la crítica tenía que ser analítica y no sólo discursiva; la crítica, añadía, "puede ser hasta destructiva, mientras tenga algo que proponer, explícita o implícitamente, sin lo cual no contribuiría al avance del conocimiento".

 

Todavía visitó en dos ocasiones más Milton Santos la Universidad castellano-manchega en la última década del siglo XX. En sus inicios se estaban preparando los documentos que en 1992 serían debatidos en Río de Janeiro, en la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Su ideario tuvo una reflexión adecuada en la primera de estas últimas estancias de Milton Santos en Castilla-La Mancha, a fin de participar en la edición de 1994 del curso sobre Medio Ambiente Urbano que convoca cada verano la universidad regional. Sus proposiciones sobre los componentes sociales del medio ambiente serían desarrolladas un año después en el artículo "A questâo do meio ambiente: desafios para a construçâo de uma perspectiva interdisciplinar", incluido en el volumen de Anales de Geografía de la Universidad Complutense homenaje al profesor Joaquín Bosque Maurel. La segunda, al final del invierno conquense, en marzo de 1997, para participar en el IV Congreso del Grupo de América Latina de la Asociación de Geógrafos Españoles (AGEAL), ya con signos de la enfermedad que pondría término a sus días.

 

En su postrera visita Milton Santos desarrolló una definición del territorio como agregado de espacios banales, cuestión que había integrado en su discurso de aceptación del doctorado Honoris Causa por la Universidad de Barcelona, algunos meses antes. Las formulaciones expuestas aquí aparecerían después en sus escritos posteriores, formando el núcleo conceptual del documento "O papel ativo de la geografía; um manifesto", su último legado, presentado ante la comunidad de geógrafos en Florianópolis, Brasil, poco después, durante su XI Encontro Nacional, ya en julio del 2000.

 

 Aproximación a la comprensión del territorio

 

En Castilla-La Mancha, de nuevo, Milton Santos ofreció una aproximación a la comprensión del territorio, analizando los procesos de cambio que este objeto geográfico ha sufrido a lo largo de la historia de la Humanidad. El transcurso de una organización que en sus inicios era el resultado de la actuación de comunidades aisladas caracterizadas por un alto grado de solidaridad orgánica, hasta la aparición de los Estados-Nación en los últimos siglos con sus nuevas formas convenidas; y por último, el momento actual en el que se ha impuesto la internacionalización absoluta y la globalización. Un tiempo éste, el nuestro, en el que los actores hegemónicos son las empresas transnacionales y las instituciones supranacionales, que imponen una nueva regionalización regida por la violencia del dinero y de la información.

 

Para desentrañar el significado del concepto de territorio como objeto de la geografía proponía desposeerlo de su sentido material y considerarlo como "cosa usada", retomar la idea de Perroux de "espacio banal", entenderlo como espacio de todas las instituciones, todas las empresas, todas las personas, y distanciarse de la visión de los espacios particulares, o de las empresas, instituciones y personas concretas. En su redefinición del objeto de la disciplina sugería la reflexión sobre pares dialécticos; sobre "territorio y mundo", importante por la existencia de actividades de extrema modernidad; sobre "lugar y mundo", que incluye la influencia de lo cotidiano sobre las escalas superiores; y sobre "lugar y territorio", y "territorio y formación social". Esta aproximación metodológica nos permitiría comprender nuestra compleja realidad; de un lado, la estructura de los procesos de división del trabajo a escala mundial, que se deriva de la rígida verticalidad económica y decisional y es responsable de la esfera del "trabajo global", frente a las expresiones más plásticas que se producen en las relaciones horizontales en el territorio animadas por un "trabajo local"; y del otro, el significado de la existencia de un territorio de lo cotidiano asociado al periodo científico-técnico-informacional, en el que actualmente se encuentra inmersa la sociedad mundial.

 

Sus dos últimos libros revelan el contenido de las preocupaciones intelectuales de su autor al filo del cambio de siglo; el penúltimo, "Por uma otra globalizaçâo. Do pensamento unico à consciência universal" (2000), y el último, "O Brasil. Territorio e sociedade no inicio do século XXI" (2001). Ambos, publicados por la editorial brasileña Record, tratan de presentar "un retrato de las nuevas cantidades y sobre todo de las cualidades del territorio que... ya usado por la sociedad gana usos actuales, que se superponen y permiten leer las discontinuidades en la fisonomía de las regiones. Ciertas regiones son, en un determinado momento histórico, más utilizadas y, en otros, lo son menos. Por eso cada región no acoge igualmente las modernizaciones ni sus actores dinámicos, cristalizando usos antiguos y aguardando nuevas racionalidades".

 

El filósofo de la Geografía

 

Hacía ya algún tiempo que la salud del profesor Milton Santos, el filósofo de la Geografía, como gustaba calificarlo algún colega, inspiraba serios cuidados. Finalmente se agravó su estado en las últimas semanas del pasado mes de junio, y el día 24 expiró. El sol, en su aparente desplazamiento anual, había huido hasta el otro trópico, dejando a Sâo Paulo con los "friagem" de su invierno subtropical, mientras se efectuaba su entierro en el Cementerio de la Paz, en las primeras horas de la tarde paulista, acompañado por muchos amigos y colegas. La prensa de la gran ciudad daba testimonio de su desaparición. La red de internautas cubrió de inmediato el planeta con la noticia del suceso. La Asociación de Geógrafos Brasileños agradecería más tarde los mensajes recibidos desde todas partes con una breve glosa. Milton Santos dejó un trabajo incomparable en el ámbito geográfico y humanístico. Fue un intelectual comprometido con la sociedad y con los excluidos, un ciudadano que reunió el conocimiento del mundo de su tiempo para pensar en las necesidades de su país, en el papel de los intelectuales y en la contribución de la geografía a la comprensión de nuestro entorno material y social.

 

Hombre esperanzado, escribió unos pocos días antes de acabársele la vida y marchar, que "Por definición, vida intelectual y rechazo a asumir ideas no combinan... El intelectual verdadero es el hombre que busca, incansablemente, la verdad, pero no sólo para disfrutarla íntimamente, sino para decirla, escribirla y sostenerla públicamente", y que por eso mismo "la actividad intelectual nunca es cómoda".

 

Advertía que "observadores de la universidad, en el pasado y en el presente, temen por su destino actual, ya que son raras las manifestaciones de protesta procedentes de sus prácticas, dejando, a veces, la impresión de que la academia puede preferir la situación de meros testigos de la historia, en lugar de asumir un papel de guía en busca de mejores caminos para la sociedad"; que "cuando los intelectuales renuncian a ese deber, sean las que fueran las circunstancias, un manto de tinieblas acaba por cubrir la vida social, una vez que el debate posible se vuelve, por naturaleza, falso"; y, finalmente, que "la fuerza auténtica de la universidad viene del espíritu académico compartido por profesores y alumnos...", y que "la fuerza exterior de la universidad... está herida de muerte siempre que la idea y la práctica del espíritu académico se abandonan a favor de consideraciones pragmáticas."

 

Estas líneas suyas forman parte del artículo titulado "O intectual anónimo", publicado a comienzos del mes de junio en la prensa de la capital paulista como una aportación al debate sobre la necesaria reforma de la universidad, resistiéndose al avance inexorable de su enfermedad. Milton Santos era un hombre necesario. Reproducir sus palabras aquí, como pequeña muestra de su mensaje, un mensaje universal, ya que trascienden el contexto territorial en el que las escribió, nos parece un sencillo testimonio del homenaje que merece.

 


Milton Almeida dos Santos

Milton Santos (primero desde la izquierda), Ives Oliveira, Alcides Greca, e Álvaro Clemente. Casa do Dr. Álvaro Clemente. Rua Direito Da Piedade (Marechal Bitencourt),16. Salvador - Bahía – Brasil. A finales de 1948 es invitado por la Ordem dos Advogados do Brasil a  fin de intercambiar ideas sobre la doctrina del Movimiento Municipalista Interamericano. En estas conferencias se debatían, entre otras cosas, el proyecto del traslado de la futura Capital Brasileña. La creación de Brasilia.


Continuar y superar a MILTON SANTOS

por Dr. Horacio Capel - Universidad de Barcelona

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Quiero unirme al homenaje que desde Scripta Nova rendimos al profesor Milton Santos, una de las grandes figuras de la geografía brasileña y mundial. Los textos que Wagner Ribeiro ha podido reunir para este homenaje, y las obras que recientemente se han dedicado a su figura y a sus trabajos, permiten tener una idea completa de la trayectoria de un geógrafo comprometido con su tiempo, que ha ido construyendo lenta e incansablemente un cuerpo teórico de gran importancia para comprender el mundo contemporáneo y los problemas de los países iberoamericanos, y especialmente Brasil. El impacto de su obra ha sido inmenso y se ha extendido a los científicos sociales de diversos países, siendo hoy reconocido como uno de los maestros de la geografía contemporánea. A partir de su obra los geógrafos disponen de teorías, ideas y materiales que pueden servir de punto de partida para nuevas investigaciones, las cuales deben realizarse prescindiendo de cualquier actitud de reverencia beata hacia él, revisando y reformulando una y otra vez sus ideas, tal como él haría si viviese, para lograr una mejor compresión de la realidad. El objetivo debe ser seguir su obra, interpretarla, completarla y superarla.

Mi contacto con Milton Santos

Mi primer contacto con la obra de Milton Santos se realizó cuando yo realizaba mis estudios de geografía en la Universidad de Murcia. Puede ser de interés aludir a ello como un dato más que contribuya a mostrar la difusión de la obra del gran geógrafo brasileño.

Tres temas me hicieron conocer su obra, y la de otros geógrafos y pensadores brasileños; en el orden cronológico de su conocimiento fueron: los problemas de la aridez, el del subdesarrollo, y el de las redes urbanas.

Cuando yo empecé a estudiar en la Universidad de Murcia, en octubre de 1958, el tema de la aridez interesaba mucho en esa región de escasas lluvias. Se estaban realizando en aquel momento estudios sobre el aumento de dotación de aguas a la región, y en concreto sobre la viabilidad del trasvase Tajo-Segura, y se había creado un organismo el SEMZASE (Servicio de Experimentación y Mejora de las Zonas Áridas del Sureste) que trataba de abordar de forma integrada los problemas del desarrollo de una región de fuerte emigración. En ese contexto los estudios del profesor Juan Vilá Valentí, que llegó a la cátedra de Geografía de Murcia en 1958, delimitaron una región del Sureste con unas claros rasgos de aridez, a la vez que permitían tener un panorama de conjunto de los problemas que planteaban las políticas de desarrollo en medios áridos.

Las experiencias de las políticas de desarrollo regional que se intentaban aplicar en el Mezzogiorno italiano y la actuación de SUDENE a partir de 1955 en el Nordeste de Brasil eran ejemplos que se esgrimían a comienzos de los sesenta en Murcia, ya que se trataba de regiones que tenían rasgos que se consideraban semejantes a esa región española y, de forma más general, a lo que entonces se consideraba el Sureste. No ha de extrañar que en ese contexto tuviéramos conocimiento de las experiencias de SUDENE y, en relación con ello, de la obra de algunos geógrafos brasileños, entre los cuales Milton Santos que desde mediados de los años 1950 se dedicaba a estudiar los problemas agrarios de Bahia y al Reconcavo. Vilá Valentí había asistido al XVIIIº Congreso Internacional de Geografía celebrado en Rio de Janeiro, y eso nos permitió tener información de primera mano de los trabajos que allí se realizaban.

En todo caso, recuerdo bien que las iniciativas de SUDENE eran conocidas, y a través de ellas nos pusimos en contacto con las investigaciones geográficas económicas y sociales sobre Brasil y el Nordeste de Brasil (por ejemplo, el libro de Josué de Castro sobre Una zona explosiva, el Nordeste de Brasil, que sería publicado también en español en 1965, y el de Celso Furtado sobre La formación económica del Brasil). De hecho también en España estuvo a punto de ocurrir algo parecido a lo que luego escribió Milton sobre el Nordeste, donde gracias a SUDENE el Nordeste de ser una región-programa se había convertido "en una región para los habitantes" (Santos 1968, cit. en Capel 1969). También en el Sureste de España el programa de SEMZASE y de la Confederación Hidrográfica del Segura -así como la actividad de una caja de ahorros interprovincial con sede en Alicante (la Caja de Ahorros del Sureste de España)- estuvo a punto de crear una región del Sureste. Casi treinta años más tarde, cuando en 1988 tuve ocasión de tratar a Milton Santos más ampliamente -con ocasión de su visita a Barcelona invitado por Lía Osorio Machado, que estaba realizando su doctorado en esta universidad-, y luego durante visitas mías a São Paulo, volví a hablar con él de esas experiencias de desarrollo y sobre algunos parecidos que encontrábamos entre el Nordeste de Brasil y Murcia y esas conversaciones nos hicieron coincidir en muchas cosas; el Nordeste y el Sureste casi nos hicieron paisanos y, desde luego, facilitaron mucho nuestra relación personal

A través de Annales de Géographie, de L'Information Géographique y de Cahiers d'Outre Mer conocí también algunos trabajos de Milton Santos, sobre otros dos temas que asimismo me interesaron cuando yo realizaba los años de la especialidad de Geografía e Historia en la Universidad de Murcia, entre 1960 y 1963, y durante los dos años siguientes en que, acabada la licenciatura, fui nombrado profesor ayudante y encargado de curso en dicha universidad –esencialmente debido al hecho de que el número de estudiantes empezaba a crecer y se necesitaban nuevos profesores. Me refiero a los temas del subdesarrollo y el de las redes urbanas.

Las redes urbanas, como entonces se denominaba a la jerarquía de las ciudades, sus áreas de influencia y el papel de ellas en la organización regional, fue el tema elegido por mí para mi Tesis Doctoral cuando acabé la licenciatura en Murcia. Además del libro de Dickinson sobre Ciudad, región y regionalismo(del que había una edición española de 1961) la bibliografía que utilicé en un primer momento estuvo constituida esencialmente por trabajos dirigidos por Pierre George, y en especial los que realizaba Michel Rochefort, que publicó su Tesis sobre L'organisation urbaine de l'Alsace (1960), y luego la Tesis de Raymond Dugrand sobre Villes et Campagnes dans le Bas-Languedoc (1963). Milton Santos, que había pasado a trabajar sobre cuestiones urbanas conocía muy bien esa línea de investigación desde sus años de estancia en Estrasburgo, donde coincidió con Rochefort. Recuerdo bien que algunos de los artículos que Santos publicó en revistas francesas sobre el papel de Salvador en la red urbana de Bahia fueron leídos en aquellos años por mi, aunque soy ahora incapaz de decir en qué año y en qué orden exactamente.

De todas formas el problema del subdesarrollo fue el fundamental, tanto para mi dedicación a la geografía como para el conocimiento de Milton Santos. He hablado ya de ello en un artículo sobre el magisterio del profesor Vilá Valentí en aquellos años en la Universidad de Murcia (Capel 1999). Mi aproximación al tema tiene que ver esencialmente con un seminario del profesor Vilá Valentí en el año 1961, cuando yo realizaba la especialidad de Historia y Geografía. Para ese seminario y las conferencias que impartió en un Colegio Mayor, Vilá nos pidió a tres estudiantes de su curso de Geografía (Francisco Calvo, Francisco Lara y yo mismo) que elaboráramos unos datos estadísticos y documentales. En lo que a mí respecta recuerdo que preparé unos sobre la pobreza en España y en otros países, y leí en aquel momento el libro que Yves Lacoste había publicado en 1960 con el título Les pays sous-développés así como los de Josué de Castro sobre La alimentación en los trópicos (de la que existía una edición mexicana en español de 1946) y Géopolitique de la faim (ed. francesa 1952), la Geografía del hambre (ed. francesa de Hachette 1949), El libro negro del hambre (1957, con traducción en España 1962).

En el campo de las ciencias sociales el tema del subdesarrollo fue uno de los realmente innovadores en la década de 1950 y 1960. Un buen número de libros de economistas, antropólogos y sociólogos fueron traducidos en aquellos años en España y estaban disponibles. Recuerdo los de Ragnar Nurske, Gunnar Myrdal, Pierre Moussa, Paul A. Baran y otros -todos ellos traducidos al castellano por el Fondo de Cultura Económica o Editorial Aguilar- que yo leí con pasión y que abordaban un problema intelectual apasionante y de gran trascendencia social. En lo que se refiere a la geografía, el tema del subdesarrollo fue introducido en Estados Unidos por Norton Ginsburg y en Francia por Yves Lacoste en el libro citado y, sobre todo, en un artículo especialmente importante publicado en Annales de Géographie (1961) en el que presentaba de manera general la bibliografía básica existente sobre el subdesarrollo y que fue una utilísima guía de lectura para mí y otros estudiantes de mi generación.

Por aquellos mismos años Milton Santos empezó a interesarse por los problemas del subdesarrollo. Examinado ahora su bibliografía he visto que el primer trabajo en que habla explícitamente de desarrollo económico es de 1960. Hasta ese momento él había tenido la formación típica de un geógrafo que, influido por la concepción francesa –dominante en Brasil desde la estancia de Pierre Mombeig y Pierre Deffontaines, y reafirmada durante su estancia en Estrasburgo-, y se preparaba para hacer una Tesis doctoral sobre su región de origen, la cual se convirtió –como también ocurrió a otros geógrafos de la época- en un estudio más especializado. Como ya he dicho, había ido publicando trabajos sobre la estructura agraria de algunos municipios bahianos, sobre el hábitat rural, el cultivo del cacao, la geografía urbana, el puerto ferroviario de Nazaré, la población, las características de la Baixa dos Sapateiros, la industria, los climas del estado de Bahía, los cambios en el centro de Salvador...; estaba adquiriendo y practicando, en fin, toda esa amplia formación que se exigía a un geógrafo de la época que debía prepararse para realizar una buena Tesis regional, que era la capacitación esencial que debía mostrar el especialista en esta ciencia.

De todas maneras, Milton Santos empezó a tener desde mediados de la década de 1950 una creciente inclinación hacia los temas urbanos y, especialmente, hacia el estudio de Salvador, que sería el tema de su Tesis Doctoral, presentada en Estrasburgo en 1958. Su artículo "Geografia e desenvolvimento económico" publicado en 1960 fue seguido poco después por el que dedicó a "Quelquesproblèmes des grandes villes dans les payssous-developpés" (1961). Sin duda buscaba un marco teórico que le permitiera dar nuevos vuelos al estudio de la ciudad de Salvador. Esa evolución explica que su primera obra de importancia fuera A cidade nos países subdesenvolvidos (1965), al que seguirían otras varias aportaciones sobre el mismo tema, cada vez más amplias. En 1973 por iniciativa de Enric Lluch fue traducido al castellano su libro Geografía y economía urbana de los países subdesarrollados, una obra en la que muestra las amplias lecturas geográficas, económicas y sociológicas que había ido realizando.

Las teorías sobre el subdesarrollo y luego sobre el intercambio desigual y el imperialismo fueron en los años 1960 profundamente renovadoras en el campo de las ciencias sociales. Permitían disponer de un marco general que explicaba los problemas del desarrollo y subdesarrollo, los desequilibros a escala internacional e incluso en el interior de un mismo Estado. Es cierto que desde la perspectiva de un país como España y en cierto número de países iberoamericanos (como Argentina o Chile) no todos los rasgos del subdesarrollo encajaban. Otros países eran mucho más subdesarrollados o más pobres. Pero había un rasgo - el que se refiere a la existencia de una economía dual-

que se incluía siempre en las caracterizaciones del subdesarrollo y era especialmente oportuno, ya que hacía aplicable ese marco teórico también en nuestros países.

Yo mismo utilicé la expresión región subdesarrollada con referencia a la región de Murcia cuando realicé mi Tesis de Licenciatura sobre "La población y los movimientos migratorios en el municipio de Lorca, Murcia", presentada en la Universidad de Murcia en 1964, y luego en algún artículo que aprovechaba los materiales de esa Tesina. El término economía dual, que fue utilizado también por determinados historiadores, me parecía entonces apropiado para caracterizar a la economía española que se fue desarrollando en el siglo XIX, y parecía dar argumentos para afirmar que España, y mucho más ciertas regiones como las del sur de España, eran subdesarrolladas.

Con referencia al estudio de los países, el marco teórico del subdesarrollo permitía también una interpretación de las diferencias a escala mundial y de los desequilibrios regionales en un momento en que el mismo concepto regional estaba en crisis y se trataba de complementar añadiendo al estudio geográfico de la región un hilo argumental con la incorporación de una "dominante" que permitía organizar el estudio (Reynaud 1976). Recuerdo bien que cuando ya en la Universidad de Barcelona tuve que dar un curso sobre "Geografía de los países iberoamericanos", utilicé ese marco teórico como hilo conductor y titulé el curso "Iberoamérica, un continente subdesarrollado"; se ha referido a ello un alumno de aquel curso y hoy profesor en la Universidad de Barcelona, Joan Mateu, en un artículo en el que alude al programa del mismo durante sus estudios en la licenciatura de Geografía.

El subdesarrollo proporcionaba en aquel momento un marco general explicativo de gran eficacia. Facilitaba, además, una denominación muy expresiva para designar a los países que no estaban desarrollados, a la que se unieron luego otras, como la de Tercer Mundo, que muchos países no alineados habían adoptado como suyo poco después de la conferencia de Bandung para significar que no formaban parte ni del bloque capitalista occidental ni del bloque comunista. A todo ello se unieron luego cronológicamente (al menos en el caso español) las teorías sobre el intercambio desigual, el imperialismo y la dependencia. Obras como las de A. Gunder Frank, Samir Amin y otros fueron de gran importancia en la formación de muchos estudiantes de mi generación. Y entre ellas las obras de Milton Santos ocupaban también un lugar destacado.

Pero el subdesarrollo tuvo también a la larga consecuencias negativas, de las que sólo fui consciente algo más tarde. Simplificaba situaciones que eran muy diversas y muy complejas: todos los países de África, de Asia y de América del Sur se unificaban en esas teorías, fueran cuales fueran sus características específicas. Lo cual tuvo implicaciones políticas muy negativas, ya que precisamente por esa unificación que se hacía de los países subdesarrollados algunos llegaron a pensar que las soluciones políticas debían ser las mismas en todos ellos; y eso en el contexto de la guerra fría dio lugar a movimientos revolucionarios que, en el caso de los países iberoamericanos, contribuyeron a crear un enfrentamiento radical y una grave fractura social, cuyas negativas consecuencias todavía se sufren.

La región y la ciudad de los países subdesarrollados

En 1968 e invitado por el profesor Pierre Deffontaines tuve ocasión de asistir al coloquio sobre la regionalización del espacio en Brasil, que se organizó en Burdeos con motivo de la inauguración del Centro de Estudios de Geografía Tropical. El Coloquio fue dirigido por los profesores Guy Laserre y Milton Santos y constituyó un encuentro de gran importancia para la discusión del concepto de región en los países desarrollados y subdesarrollados, en un momento en que este concepto estaba siendo ya claramente impugnado. Regiones históricas, regiones homogéneas, regiones polarizadas, y regiones operacionales se enfrentaban como posibilidades de definición y sistematización del estudio regional. La imposibilidad de definir regiones homogéneas que lo fueran a la vez desde los puntos de vista físico y humano representaba una dificultad apreciable que había intentado ser superada con el concepto de región funcional o polarizada. Trabajos sobre las redes urbanas, como los que antes he citado, ofrecían una alternativa muy sugestiva, y podían apoyarse en los que había realizado Etienne Juillard en Estrasburgo sobre el tema. Se discutía también la validez de estos conceptos en países como Brasil, con espacios geográficos tan diferenciados como los de la Amazonia y el área centro sur polarizada por SãoPaulo. El tema de las ciudades en la organización de la región era en aquel momento de gran actualidad y Milton Santos tenía ya una larga experiencia investigadora sobre ello, por lo que no extraña el protagonismo que tuvo en el Coloquio de Burdeos.

El libro Geografía y economía urbana en los países subdesarrollados fue, sin duda, un hito importante en la bibliografía sobre el tema. Un científico de un "país subdesarrollado" abordaba sin complejos un tema de interés general, apoyado en sus propios trabajos sobre ciudades de esos países y en una bibliografía general amplia y relevante. Los trabajos que años más tarde realizó Milton Santos sobre otras metrópolis, y especialmente sobre São Paulo le permitirían matizar y profundizar todo lo que entonces decía en aquel libro.

Milton Santos nunca ha abandonado la idea de que Brasil es un país subdesarrollado y que las metrópolis de ese país son características de esa situación de subdesarrollo. Es indudable que eso, y su decisión de contribuir a cambiar las situaciones injustas, le ha permitido encontrar vías interesantes de reflexión, de gran influencia entre los científicos brasileños y de otros países.

De todas maneras, es posible que la utilización sistemática de ese marco conceptual, si por un lado permite descubrir rasgos interesantes, por otro impida ver otros también significativos. Creo que a partir de cierto momento la insistencia en que las ciudades brasileñas son ciudades subdesarrolladas impide entender la realidad de las mismas. Discutiendo una y otra vez en Buenos Aires, en México o en SãoPaulo con geógrafos de esos países he tenido muchas veces la impresión de que la aceptación del concepto de subdesarrollo les lleva a ver sesgadamente su propia realidad desde esa perspectiva, lo que tal vez les vela la comprensión de otros rasgos muy importantes. Muchas veces he pensado que sería más útil la utilización de otros marcos conceptuales, y en concreto la aproximación a su realidad con los mismos presupuestos que se utilizan para estudiar las ciudades de los países llamados desarrollados.

Tengo la impresión de que muchos rasgos que Milton Santos y otros geógrafos iberoamericanos consideran típicos de las metrópolis brasileñas, o del llamado Tercer Mundo en general, se dan también en las de los países desarrollados. La "modernización incompleta y selectiva", la "yuxtaposición de trazos de opulencia y carencias profundas" la segregación o la exclusión social, y otros muchos rasgos se dan también de una u otra forma en las grandes ciudades de los países desarrollados. No hay más que leer las descripciones de Engels sobre las ciudades británicas del siglo XIX o las que hoy se realizan sobre la situación social de Atlanta, Nueva York o Chicago para darse cuenta de que la pobreza, la infravivienda, la exclusión social y la fragmentación han estado y siguen estando también presentes en ellas. Estoy firmemente convencido de que la comprensión de la realidad urbana y no urbana de Brasil sería más profunda si en el estadio actual se abandonaran los esquemas tradicionales del subdesarrollo y se adoptaran otros, semejantes a los que se emplean para estudiar las ciudades de los países desarrollados.

De la misma manera, estimo que la aplicación de los esquemas centro-periferia parece insostenible y ha de modificarse. Creo que una perspectiva diferente, la de considerar a Brasil como un territorio y una sociedad que va formando progresivamente parte de la nueva Europa ultramarina desde el siglo XVI y lo es plenamente desde el siglo XVIII o XIX , permitiría entender mucho mejor aspectos esenciales de la evolución de este país así como de otros países iberoamericanos. Es un verdadero contrasentido aceptar ese carácter europeo y occidental en el caso de Estados Unidos (que también conoció la esclavitud hasta el siglo XIX) y negárselo a Brasil y a los países hispanoamericanos.

Una obra ambiciosa y coherente

Lo que más impresiona de la obra de Milton Santos es su búsqueda continuada y sistemática de una teoría coherente de la geografía, una teoría que trata de utilizar categorías generales pero que se construye a partir del conocimiento directo de la realidad de los países llamados subdesarrollados. Muchos conceptos han sido elaborados por el autor lentamente, en un itinerario intelectual seguido desde los años 1950 hasta al momento de su muerte, en un proceso incansable de enriquecimiento continuado y una fértil integración de numerosas aportaciones intelectuales, tratando siempre de intervenir en la realidad brasileña con vistas a su transformación. La convicción que ha dado fuerza a su trabajo intelectual es la de que la ciencia geográfica puede servir para transformar Brasil y para transformar el mundo.

Su gran conocimiento de la realidad brasileña y su paso por instituciones educativas, académicas y de desarrollo de diversos países de Europa, América y África, le permitió ser consciente de la gran cantidad de estereotipos e ideas equivocadas que existían sobre la realidad iberoamericana. Por eso insistió tanto en la necesidad de partir de la propia realidad, sobre la necesidad de construir (o reconstruir) marcos teóricos específicamente latinoamericanos para estudiar la realidad de esos países, un aspecto esencial en el que siempre coincidí con él.

Su trayectoria intelectual fue enriqueciéndose continuamente e incorporando nuevas ideas de procedencias diversas, integradas en un todo coherente, con énfasis siempre en el espacio. En los años 1970 y 80 -paralelamente y de forma independiente a lo que hacían en Estados Unidos David Harvey y otros- Milton Santos realizó un gran esfuerzo para incorporar a la geografía la concepción marxista (modo de producción, formación social, etc.) con el fin de fundamentar una nueva teoría de la geografía. Armado con ello abordó el estudio del proceso de globalización, y de las transformaciones del mundo contemporáneo en las dos últimas décadas del siglo XX y su impacto en Brasil.

Mostró siempre también un gran interés por las herencias del pasado, por las permanencias históricas de las formas pasadas y su influencia en la acción humana. Esas formas pasadas incorporan la dimensión temporal al espacio y le dan su especificidad y sus 'rugosidades'. Sin duda en ello han influido rasgos básicos de su formación intelectual inicial, los cuales han persistido durante toda su vida. Las relecturas que continuamente fue haciendo de obras clásicas, como la de Max Sorre y otras le han permitido obtener ideas válidas en su intento de fundamentación de la geografía.

Al mismo tiempo, realizó un enorme esfuerzo por conocer lo que se hacía en otras disciplinas. Sus lecturas en este sentido fueron muy amplias, y aparecen bien reflejadas en la bibliografía que utilizó y citó en sus trabajos científicos, en sus conferencias e incluso en sus artículos periodísticos publicados en Folha de São Paulo. De todas maneras, no dejó de criticar, cuando hizo falta, las exageraciones de un cierto sociologismo barato o de un ecologismo bisoño que utiliza caminos fáciles favorecidos por la moda" (en 'Relações do territorio globalizado', incluido en O país distorcido, p. 99). Conociendo su talante abierto y comprensivo, es posible que haya que cargar dichas llamadas de atención no sólo al miedo de los excesos que denunciaba, sino también al temor de que los geógrafos perdieran sus propias señas de identidad.

La globalización

Milton Santos tuvo siempre una visión negativa de ciertos rasgos de la evolución contemporánea y en especial del proceso de globalización, al que se refirió en numerosas ocasiones. Tengo la impresión, de todas maneras, que en los últimos años había ido matizando sus propias posiciones. Así de unas iniciales en las que la globalización aparecía como la expresión de todos los males pasó a otra más suave en la que reconocía aspectos positivos de este proceso y se concentraba en denunciar ciertas formas de globalización al tiempo que abogaba por "otra globalización".

No estoy seguro de que todos sus juicios pesimistas hayan sido siempre correctos. Por ejemplo, los que se refieren al papel de la información en esta fase científico-técnica-informacional. No cabe duda de que tiene razón al insistir en la manipulación y la violencia de la información que se difunde. Es cierto que en el momento actual no sabemos con mucha frecuencia si la información que se nos presenta está manipulada o no. El ejemplo de aquellas imágenes de la fauna afectada por la Guerra del Golfo y que luego supimos que correspondían al vertido del Exon Valdes es una prueba de ello, particularmente impactante y significativa. Y desde los sucesos del 11 de septiembre la manipulación se ha convertido en una estrategia sistemática cada vez más conscientemente utilizada. A ello podríamos añadir otros muchos datos sobre la manipulación informativa y de las conciencias, de lo que la propaganda religiosa, tan influyente en el Brasil antiguo y contemporáneo, facilita muchos ejemplos.

Pero existe otra dimensión que nos permite complementar lo anterior, y que es necesario dar también. Nunca ha habido tanta población absoluta y relativa de personas alfabetizadas, nunca tantas personas con estudios secundarios y universitarios como hoy. Ni tampoco nunca ha habido tantas fuentes de información. A lo largo de los siglos XIX y XX la prensa se diversificó y los lectores han tenido numerosas opciones para elegir. Luego, la radio supuso una nueva fuente de información, que llegaba a cualquier rincón del mundo, y a las sociedades iletradas, permitiendo también elegir entre numerosas emisoras con un simple movimiento del dial. A partir de los años 1950 se fue difundiendo la televisión. Es cierto que al principio cada país tenía sólo un canal, pero a partir de los años 1970 éstos se han ido diversificando de forma asombrosa. Hoy en cualquier país existe al menos media docena de canales de acceso gratuito, a lo que hay que añadir los canales de pago, que pueden ser de todo el mundo, y los canales locales que se van multiplicando. Finalmente Internet ha supuesto otro aumento de la posibilidad de acceso a la información todavía más revolucionario.

No puede decirse que no haya información disponible. Todo eso es una diferencia esencial respecto al pasado y no puede desconocerse y desvalorarizarse. Podría argumentarse que el exceso de información también es una estrategia de dominación, pero no estoy de acuerdo con esa interpretación. En este campo siempre es preferible el exceso que la falta.

Es indudable que en numerosos aspectos está justificada la imagen negativa que a veces se tiene de la industria de los medios de comunicación y de la industria cultural actual. La dictadura del consumo, la fusión entre publicidad y diversión industrializada producida por las grandes empresas, la manipulación de la información es una realidad bastante evidente. Es desde luego útil la crítica que autores como Habermas han hecho a las dificultades de elección racional de los consumidores a partir de la publicidad, y la denuncia de la alienación que todo ello produce.

Pero dicho eso, confieso que muchas veces tengo dificultades para aceptar ciertas visiones negativas de la modernidad que insisten en la incapacidad de las personas para elegir y discriminar, y que me cuesta admitir las tesis que presentan a los ciudadanos actuales como totalmente sometidos a la insidiosa y ubicua acción del poder disciplinario. Eso es así porque tengo confianza en la capacidad de los ciudadanos para elegir y discriminar. Creo que la gente discrimina más de lo que piensan los políticos y los intelectuales. Incluso los que ven programas basura de la televisión saben bien lo que ven y eligen verlo por razones diversas (distracción, curiosidad, necesidad de evasión...).

En relación con todo ello resulta muy útil una adecuada perspectiva histórica de lo que ha ocurrido en otras épocas anteriores, donde la opresión, el disciplinamiento y el peso del poder eran más inmediatos, opresivos y determinantes, donde la segregación y la exclusión tenían unos rasgos mucho más decisivos y sin posibilidad alguna de mejora social, de aumento del bienestar, de emancipación y libertad individual. La perspectiva histórica corta, la incorporación de una dimensión temporal que tiene en cuenta lo que ha sido el mundo no ya desde hace tres o cuatro mil años o desde la misma fundación histórica del Brasil sino incluso desde el siglo XIX, permite tener una visión menos negativa

Es cierto que los espíritus sensibles y que poseen conciencia ética se inquietan y desearían acelerar dichos cambios. Pero a veces hay que evaluar el coste social que eso representa y las posibilidades de éxito para conseguirlo. En todo caso, la idea de que el pasado fue mejor, de que el tiempo ha ido decayendo desde una edad de oro anterior, impiden ver los cambios positivos que se están produciendo y dificulta disponer del optimismo y la prudencia necesarios para acometer los cambios que se necesitan.

Criticar a Milton Santos

La influencia de Milton Santos ha sido sin duda extraordinariamente positiva. En numerosas disciplinas sociales, y especialmente en el mundo iberoamericano su obra ha permitido el desarrollo y consolidación de una poderosa corriente de geografía crítica. Y también para otros especialistas su voz ha sido muy influyente, como muestran las distinciones y los premios que le han otorgado diversos grupos de científicos sociales, los arquitectos y algunos movimientos comprometidos con la lucha contra la injusticia. No hace falta insistir en ello, y en este número se dan muchos ejemplos. Milton ha tenido la enorme fortuna de ver también como se le reconocía su esfuerzo por conseguir una geografía brasileña autónoma de las escuelas de los países dominantes. En suma ha contribuido de forma destacada a popularizar la geografía en los ambientes intelectuales y entre el gran público.

Pero tan importante como valorar su figura y su obra es huir de una actitud beata y reverencial hacia ella. A él que tanto le gustaba la irreverencia y la búsqueda de nuevos caminos, que estaba dispuesto a discutir con pasión sus puntos de vista, estoy seguro de que no le gustarían las citas reverenciales y acríticas que a veces se hacen de su pensamiento, especialmente por intelectuales de origen marxista que parecen haber sustituido las citas canónicas de los clásicos del marxismo (los que tocaban en cada momento, según la fracción y las tendencias) por la cita reverencial del pensamiento del maestro. Creo que es fácil ponerse de acuerdo en que es probable que no todo lo que ha escrito una persona que ha vivido largo tiempo y en circunstancias tan diversas ha de ser necesariamente bueno.

Tal como decía al principio, la obra de Milton Santos ha de ser seguida, interpretada, completada y superada. Seguida porque tenemos en él un ejemplo de vida y de compromiso intelectual y social que debe ser imitado; y porque hay en su obra ideas muy valiosas que nos ayudan a entender los cambios del mundo contemporáneo. Interpretada, porque en una obra que se ha desarrollado durante medio siglo es posible que existan contradicciones, incoherencias y oscuridades. Completada, porque su pensamiento puede ser el punto de partida para nuevas interpretaciones. Y superada, porque es una ley esencial de la ciencia el que las teorías cambien y las obras, incluso de los grandes maestros, sean superadas y den lugar a nuevos desarrollos.

La obra de Milton Santos, con sus grandezas y sus carencias, ha de ser interpretada históricamente. Y es urgente pasar de la hagiografía a las investigaciones rigurosas sobre su pensamiento y su evolución, ahora que quedan muchos testigos que lo han conocido y que pueden facilitar testimonios de primera mano. Se han de tener en cuenta sus estudios iniciales de derecho, las razones de su conversión a la geografía, su formación geográfica en el marco del paradigma regional e historicista dominante en la geografía francesa cuando él estudió, su conocimiento de los nuevos caminos que emprendían los geógrafos franceses a finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, cuando se elaboraban nuevos marcos de estudio regional y se realizaban las investigaciones sobre redes urbanas y sobre su papel en la organización regional. Su vinculación a la geografía francesa le hizo tener las mismas reticencias que otros geógrafos de esa nacionalidad respecto a la revolución cuantititativa que se desarrollaba desde los años 1950 en el mundo anglosajón. Hemos de recordar que en Francia, a pesar del sentimiento creciente de crisis de la concepción regional, durante toda la década de 1960 -y por tanto cuando Milton Santos permaneció en las universidades de Toulouse, Burdeos y París después de 1964- la geografía historicista y antipositivista dominó con gran fuerza y que solamente después de mayo de 1968 y en relación con la crisis de la universidad algunos se atrevieron a introducir decididamente las ideas de la geografía teorética y cuantitativa.

Sin duda el espectacular desarrollo de la geografía cuantitativa en un país como Estados Unidos, que había apoyado la Dictadura militar, y la utilización del utillaje técnico y pretendidamente objetivo y neutro de estas técnicas por los gobiernos de dicho periodo hizo a Milton Santos reticente a esa corriente. Luego en los años 1970 la crítica de la geografía neopositivista por los geógrafos radicales, y el desarrollo de la geografía crítica le afirmó en una vía que seguían también otros geógrafos anglosajones en su cuestionamiento del paradigma anterior cuantitativo. En esa geografía marxista encontró conceptos válidos para interpretar la situación de Brasil y otros países del llamado Tercer Mundo, y no cabe duda de que el resultado de su esfuerzo ha sido muy rico y fructífero.

Pero es evidente que su evolución podría haber sido otra en un contexto diferente. Una obra como la de Milton Santos debe ser interpretada y situada históricamente. Estuvo sometido a muchas influencias, y su historia personal explica ciertas reticencias y ciertas actitudes. A partir de ahí se entiende, por ejemplo, su posición contra la geografía cuantitativa en el contexto del debate antipositivista de los años 1970, sus denuncias contra las pretensiones de neutralidad de los cuantitativos.

Pero no hay que olvidar que no todos los cuantitativos eran reaccionarios, y que algunos señalaron –como hizo Morril en las páginas iniciales de Antipode- que los métodos cuantitativos se convierten en radicales cuando se aplican a problemas radicales. No es seguro que en ese sentido la influencia de Milton Santos en la geografía brasileña haya sido totalmente positiva, aunque resulte explicable. El rechazo de todo lo que suponga cuantificación o aproximaciones teoréticas en la actual geografía brasileña, tal como he podido ver, por ejemplo en el XIII Encontro de Geografía de la AGB, celebrado en Joâo Pessoa, y la reducción del aparato matemático simplemente a los aspectos técnicos del uso de SIG, creo que es algo claramente negativo. Una buena formación teorética y cuantitativa sería de gran utilidad a los estudiantes de geografía para abordar los problemas a que han de enfrentarse profesionalmente.

Es posible que otro aspecto negativo de la influencia de Milton haya sido su insistencia en la teoría geográfica, que puede dar a los geógrafos un carácter aislado y solipsista. Sin duda tiene que ver con su voluntad de prestigiar la geografía brasileña, y es indudable que ese esfuerzo ha tenido resultados notables. Pero tal vez los jóvenes deberían tener con Milton Santos la misma actitud que los hijos tienen con los padres. Lo importante muchas veces no es lo que éstos dicen, sino lo que hacen. Y es indudable que Milton siempre tuvo una actitud abierta hacia otras ciencias, lo que hizo que su trabajo intelectual resultara particularmente fructífero.

Finalmente, tampoco estoy de acuerdo con la visión un tanto pesimista sobre Brasil, que Milton comparte con tantos geógrafos brasileños. Aunque en este sentido es posible que, si se leen bien sus textos, es posible que el maestro tenga una visión menos pesimista que muchos de sus lectores e intérpretes. Milton ha mostrado muchas veces su confianza en las grandes metrópolis, en las posibilidades de Brasil. En todo caso, la visión un tanto pesimista que encuentra a veces uno en Brasil creo que tiene que ver, ante todo, con un talante ético de lucha contra la injusticia, y en ese sentido es admirable. Pero también tiene que ver con el hipernacionalismo y la conciencia de ser una superpotencia incompleta, con la falta de una visión verdaderamente mundial de los problemas, con la aceptación de marcos conceptuales como el del subdesarrollo, que impiden ver la propia realidad.

Siempre que voy a Brasil me hablan de la pobreza y de los numerosos problemas que, evidentemente, existen. No me hablan tanto de la segregación racial, que también existe, como el mismo Milton comentó muchas veces y señaló en alguno de sus escritos en Folha deSâo Paulo, o se observa simplemente utilizando los aeropuertos. Y no se habla casi nunca de la riqueza, del dinamismo de la vitalidad y la creatividad de ese nuevo Brasil que puede superar crisis coyunturales como la que está en estos momentos padeciendo.

Desde hace veinte años vengo oyendo a muchos amigos brasileños repetir que las cosas van cada vez peor en su país. Lo que es manifiestamente falso y tal vez refleja la incapacidad que a veces tenemos los intelectuales para juzgar correctamente la realidad. Yo creo que en estos últimos veinte años Brasil ha mejorado de forma clara, y he sido testigo de esas mejoras. Lo impresionante es darse cuenta de que existen intelectuales que vienen repitiendo la misma cantinela desde los años 1930, aunque algunos de ellos más tarde se den cuenta de su error y hayan reconocido que se equivocaron, como hizo Rangel en una entrevista memorable que le hicieron en la revista Geo Sul hace ya unos años.

Lo que yo creo que ocurre es que entre las clases medias y altas, a las que pertenecen en general los profesores universitarios, son cada vez mayores las aspiraciones y las expectativas de mejora, y cada vez mayores también las desviaciones entre ellas y las posibilidades reales de conseguirlas. De ahí nace una frustración que produce esa visión negativa de la realidad.

Un verdadero maestro

Sin duda Milton Santos fue un ciudadano y un científico ejemplar. Preocupado por los problemas de su tiempo, interviniendo activamente en la sociedad, en un intento de transformarla. Es eso esencialmente lo que nos ha de quedar de él.

Como escribió Jorge Luis Borges, "maestro es quien enseña con el ejemplo a tratar con las cosas, un estilo genérico de enfrentarse con el incesante y vario universo". Sin duda Milton fue en toda su acepción un verdadero maestro y es ese ejemplo el que hemos de seguir. Sus teorías, sus libros, sus conceptos y sus datos servirán mientras sirvan, mientras podamos utilizarlos para entender mejor la realidad. Cuando eso no ocurra deberán ser superados, y esa es la tarea que tienen los jóvenes geógrafos y científicos sociales brasileños. Estoy convencido de que el mejor homenaje que debemos hacer a la obra de Milton Santos es partir de ella, leerla desde posiciones no dogmáticas, cuestionarla y superarla. Sólo de esa manera su trabajo será fructífero y tendrá incidencia en el futuro de Brasil.

Gracias a los citados autores por su magnífico aporte

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- Fin de los artículos referidos a Milton Santos -

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